
La industria textil argentina atraviesa una de las crisis más profundas de las últimas décadas, con fuertes caídas en producción, empleo y niveles de actividad, en un contexto de crecimiento de importaciones y menor demanda interna. Los datos oficiales y de entidades privadas señalan que el sector está enfrentando dificultades estructurales que se reflejan en indicadores productivos, laborales y comerciales.
Según la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la actividad del sector cayó un 20,5% interanual en septiembre de 2025, marcando uno de los peores desempeños en más de una década para ese mes del año. Esta disminución contrasta con un escenario industrial más general menos adverso para otros rubros.
El uso de la capacidad instalada en la industria textil se ubicó en torno al 32%-37% en 2025, muy por debajo del promedio manufacturero y reflejando que casi dos tercios de la infraestructura productiva permanecen ociosos.

Caída sostenida y pérdida de miles de puestos
El impacto laboral es notable. En agosto de 2025, el sector textil, confección, cuero y calzado acumulaba aproximadamente 107.000 empleos formales, cifra que representó 7.000 puestos menos que en Agosto de 2024 y una caída de más de 14.000 empleos desde diciembre de 2023.
Distintas fuentes del sector estiman que, entre 2023 y 2025, la industria textil en su conjunto perdió entre 11.500 y 16.000 puestos de trabajo formales, producto de cierres de empresas, reducciones de turnos y suspensiones de actividad.

Importaciones: crecimiento récord y competencia por precios
Una de las causas más citadas por industriales y cámaras empresarias es el fuerte aumento de las importaciones de productos textiles, prendas y accesorios. Entre enero y noviembre de 2025, las importaciones totalizaron alrededor de 252.563 toneladas por un valor de US$685 millones, lo que implicó un incremento de 91% en volumen y 50% en valor respecto al mismo período de 2024.
Este aumento se dio tanto en bienes terminados como en insumos y materias primas, con crecimiento particularmente marcado en prendas de vestir (+96%) y confecciones (+127%).
Según análisis privados, cerca del 70% de la ropa consumida en Argentina es importada, una proporción que se vio amplificada por la expansión del comercio electrónico internacional y el régimen de envíos por courier.

Precios y consumo
Los precios de productos textiles y prendas de vestir han mostrado una dinámica particular: si bien registraron aumentos en algunos indicadores, en muchos casos se movieron por debajo de la inflación general, reflejando en parte la presión de los importados y la menor demanda interna. Por ejemplo, ciertos índices de precios mayoristas del sector complementaron modestas subas frente a promedios industriales más altos.
Paralelamente, la caída del poder adquisitivo y el encarecimiento de bienes y servicios básicos redujeron la capacidad de compra de las familias por bienes no esenciales como indumentaria, lo que profundizó la retracción del mercado interno.

Causas económicas del declive
Analistas y cámaras empresarias identifican tres factores centrales detrás de la crisis:
Apertura comercial y costos de importación: La reducción de aranceles y la liberalización de importaciones facilitaron el ingreso de productos extranjeros a precios competitivos, lo cual ha desplazado a la producción local.
Competencia internacional: Empresas extranjeras, en particular desde Asia, han ganado presencia en el mercado interno, tanto en productos terminados como en insumos textiles, generando presión sobre precios y rentabilidad de las firmas argentinas.
Demanda interna debilitada: La caída del consumo privado por efectos de la inflación y la pérdida de poder adquisitivo redujo la demanda de prendas locales, agravando la contracción productiva.

Contexto general y perspectivas
El escenario textil forma parte de un contexto industrial más amplio, donde diversos sectores de la industria manufacturera han registrado contracciones, cierres de empresas y pérdida de empleo. Al mismo tiempo, las medidas de política económica vinculadas a la apertura comercial han generado debate sobre su impacto en la competitividad y la sustentabilidad de la producción local.
Los referentes del sector textil han propuesto medidas orientadas a equilibrar el comercio exterior con la protección de la producción nacional, incluyendo posibles ajustes regulatorios para productos importados que compiten directamente con la industria local.

Análisis personal | Industria textil, consumo y las consecuencias que no se ven
Micaela Oliva | 12 de Enero de 2026
La crisis de la industria textil argentina es una consecuencia directa del actual contexto económico del país y, al mismo tiempo, un reflejo de los cambios en los hábitos de consumo. En un escenario marcado por el ajuste, la apertura de importaciones y la caída del poder adquisitivo, el sector textil —históricamente intensivo en mano de obra— aparece entre los más afectados.
Con una economía en recesión, salarios que pierden frente a la inflación y un consumo interno en retroceso, la industria nacional compite en condiciones desiguales con productos importados de bajo costo. Estas prendas ingresan al mercado con precios difíciles de igualar para las fábricas locales, que enfrentan elevados costos energéticos, impositivos y laborales. El impacto es concreto: cierres de plantas, suspensiones, despidos y regiones que ven desaparecer una actividad que durante décadas fue una de sus principales fuentes de empleo.
La crisis, sin embargo, no se explica solo por variables macroeconómicas. También hay un componente cultural que merece revisión: el avance del fast fashion o moda rápida basada en el consumo acelerado de tendencias efímeras. Este modelo promueve la compra constante de prendas diseñadas para durar poco, tanto en términos de uso como de calidad. Se consume más, pero se valora menos.
Detrás de muchas prendas de bajo costo se esconden procesos industriales contaminantes, materiales de baja calidad y, en numerosos casos, condiciones laborales precarias. Estos costos no figuran en la etiqueta, pero existen: impacto ambiental, degradación de recursos naturales y trabajadores invisibilizados. A esto se suma un aspecto poco debatido: el impacto en la salud. Diversos estudios han advertido sobre la presencia de componentes químicos en textiles sintéticos que pueden provocar alergias, irritaciones y otros problemas dermatológicos. En ese sentido, lo barato muchas veces termina siendo caro.
Defender la industria textil nacional implica apostar por un modelo productivo que genere empleo genuino, valore el trabajo humano y priorice la calidad y la durabilidad. También invita a repensar los hábitos de consumo: comprar menos, elegir mejor y sostener la producción local. En un país atravesado por crisis recurrentes, la industria textil representa mucho más que ropa. Representa identidad, trabajo, conocimiento productivo y la posibilidad de construir una economía más equilibrada y sostenible.
Tal vez el verdadero desafío no sea solo económico, sino también cultural: dejar de consumir por impulso y empezar a elegir con mayor conciencia.
