
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a tensar la relación con Cuba al anunciar que no habrá más petróleo ni dinero proveniente de Venezuela para la isla y al advertir que el gobierno cubano debería “llegar a un acuerdo” con Washington antes de que sea demasiado tarde. El mandatario estadounidense sostuvo que durante años Cuba habría recibido ese apoyo a cambio de servicios de seguridad para los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, una acusación que fue rechazada de plano por La Habana.
El mensaje fue publicado por Trump en su red social Truth Social, donde afirmó que el suministro energético y financiero desde Venezuela “se terminó” y que Estados Unidos no permitirá que continúe ese esquema. Sin embargo, no precisó qué tipo de acuerdo propone ni cuáles serían las consecuencias concretas en caso de que Cuba no acceda a negociar.
Las declaraciones se producen en un contexto regional marcado por una fuerte escalada política y militar, luego de la reciente captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, un hecho que alteró el equilibrio geopolítico en América Latina y golpeó de lleno a los aliados históricos del chavismo.

La Habana reaccionó con firmeza
El gobierno cubano, a través del canciller Bruno Rodríguez y el presidente Miguel Díaz-Canel, rechazó con dureza las acusaciones y amenazas de Donald Trump. Rodríguez aseguró que Cuba no recibe ni ha recibido nunca compensación monetaria o material por servicios de seguridad prestados a ningún país, y acusó a Estados Unidos de recurrir al “chantaje, la coerción y el mercenarismo” como herramientas de política exterior.
El canciller sostuvo además que Cuba tiene pleno derecho soberano a importar combustible de cualquier país dispuesto a venderlo y denunció que Washington busca imponer su voluntad mediante presiones económicas y amenazas políticas. “Estados Unidos carece de autoridad moral para dictar lo que Cuba debe hacer”, remarcó.
Por su parte, el presidente Miguel Díaz-Canel utilizó sus redes sociales para responder directamente a Trump. En un tono contundente, afirmó que “nadie nos dicta qué hacer” y defendió la independencia, señalando que Cuba no amenaza a otros países, pero sí está preparada para defender su soberanía. También sostuvo que las graves dificultades económicas que atraviesa la población cubana son consecuencia directa del bloqueo económico y las sanciones impuestas por Estados Unidos desde hace décadas, y no del sistema político de la isla.
Díaz-Canel fue más allá y aseguró que Washington “no tiene moral para señalar a Cuba en nada”, al tiempo que acusó a Estados Unidos de ser responsable de una política de asfixia que impacta de lleno en la vida cotidiana de los cubanos, especialmente en un momento de profunda crisis energética.
Un escenario de creciente presión
Analistas internacionales señalan que la ofensiva de Trump apunta a incrementar la presión sobre Cuba en uno de sus momentos más delicados, con escasez de combustible, apagones frecuentes y una economía debilitada. La interrupción del petróleo venezolano agrava aún más ese escenario y limita el margen de maniobra del gobierno cubano.
Mientras tanto, La Habana intenta diversificar proveedores energéticos y reforzar vínculos con otros socios internacionales, aunque por ahora sin lograr compensar plenamente la pérdida del apoyo venezolano.
Una relación atravesada por décadas de conflicto
Las tensiones actuales entre Estados Unidos y Cuba no son nuevas y se explican por una relación conflictiva que lleva más de seis décadas.
Tras la Revolución Cubana de 1959, liderada por Fidel Castro, el nuevo gobierno nacionalizó empresas estadounidenses y adoptó un sistema socialista, lo que provocó una ruptura total con Washington. En respuesta, Estados Unidos impuso en 1960 un embargo económico, comercial y financiero que, con distintas intensidades, sigue vigente hasta hoy.
Durante la Guerra Fría, Cuba se convirtió en un aliado estratégico de la Unión Soviética, lo que llevó a episodios críticos como la invasión de Bahía de Cochinos en 1961 y la crisis de los misiles de 1962, uno de los momentos más peligrosos del siglo XX.
A lo largo de las décadas hubo intentos de acercamiento y distensión, como el restablecimiento de relaciones diplomáticas durante la presidencia de Barack Obama, pero esos avances fueron revertidos por administraciones posteriores, que retomaron una línea dura basada en sanciones y aislamiento.

El Presidente Barack Obama y Raúl Castro en su conferencia de prensa conjunta en La Habana.
En ese marco histórico, las advertencias de Trump y la respuesta de Cuba se inscriben en una larga cadena de confrontaciones políticas, económicas e ideológicas, donde la cuestión de la soberanía, el embargo y la influencia regional siguen siendo los principales puntos de conflicto.