
Benito Fernández volvió a poner en primer plano una realidad que atraviesa a buena parte de la industria textil argentina. El reconocido diseñador confirmó el cierre de su línea de producción industrial y explicó que, una vez más, el contexto económico terminó haciendo inviable su negocio, tal como ya le había ocurrido en 2001 y en 2020.
Fernández relató que producir ropa en Argentina se volvió prácticamente imposible. Los altos costos, la presión impositiva, la caída del consumo y la competencia con productos importados dejaron sin margen a su emprendimiento. El cierre impactó de manera directa en al menos 14 trabajadores y en ocho talleres que formaban parte de su cadena productiva, una situación que se repite en distintos puntos del país.
Uno de los principales problemas señalados por el diseñador es la carga impositiva, que supera el 50% del precio final de una prenda. A esto se suma un esquema financiero desfavorable: los costos de producción deben afrontarse por adelantado, mientras que las ventas se cobran a 30, 60 o 90 días. En un escenario de recesión y consumo retraído, ese desfasaje se vuelve insostenible para muchas empresas.
Benito Fernández también advirtió sobre el impacto de la apertura de importaciones. Si bien aclaró que no se opone a competir, remarcó que la industria local lo hace en clara desventaja frente a prendas importadas a muy bajo costo, especialmente desde Asia. Esto presiona los precios, reduce la rentabilidad y deja fuera de competencia a marcas y talleres nacionales.

Lejos de responsabilizar a un solo gobierno, el diseñador afirmó que la crisis del sector es estructural y se arrastra desde hace años. Señaló que la industria textil viene siendo golpeada desde hace al menos cuatro administraciones consecutivas, sin políticas sostenidas que permitan planificar, invertir y producir a largo plazo.
Ante este escenario, Benito decidió reorientar su actividad. Continuará con la alta costura, un segmento más reducido pero con pedidos directos y pagos anticipados, y con el desarrollo de licencias de marca, como perfumes, calzado y muebles. Se trata de modelos de negocio con menos riesgo financiero y mayor previsibilidad, una alternativa que muchos empresarios del sector comenzaron a explorar para sobrevivir.

En los últimos meses, la industria textil argentina acumuló una seguidilla de cierres de fábricas, reducción de plantas y despidos que impactaron con fuerza en distintas provincias. Empresas históricas y pymes familiares se vieron obligadas a bajar persianas o achicar su actividad ante la imposibilidad de sostener estructuras productivas cada vez más caras y con menor volumen de ventas.
Relevamientos del sector indican que desde fines de 2023 hasta mediados de 2025 cerraron cientos de empresas textiles y se perdieron más de diez mil puestos de trabajo. Esa tendencia no se revirtió y continuó durante el segundo semestre de 2025 y el inicio de 2026, con nuevos anuncios de despidos, suspensiones y cierres definitivos.
En distintos puntos del país se registraron plantas que desvincularon a decenas o cientos de trabajadores, fábricas que suspendieron personal por falta de pedidos y talleres que dejaron de producir. En muchos casos, la actividad funciona muy por debajo de su capacidad instalada, con turnos reducidos o paradas temporales para intentar evitar el cierre total.
Las causas se repiten: caída del consumo interno, costos elevados, presión impositiva, dificultades para financiar la producción y un mercado cada vez más inundado de prendas importadas a precios difíciles de igualar. Este combo golpea tanto a grandes empresas como a pequeños talleres y afecta de manera directa al empleo, especialmente en economías regionales donde el textil es una de las principales fuentes de trabajo.
Así, el testimonio de Benito Fernández se convierte en un símbolo de una crisis más amplia. La industria textil argentina atraviesa un momento crítico, con menos producción, más cierres y un impacto social creciente. Empresarios y trabajadores coinciden en una advertencia: sin cambios de fondo que permitan producir en condiciones más equitativas, el sector seguirá perdiendo empresas, puestos de trabajo y capacidad productiva en los próximos meses.