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Aranceles, licencias y minerales críticos: la letra chica del acuerdo entre Argentina y Estados Unidos

El entendimiento firmado en Washington redefine reglas clave del comercio exterior argentino, acelera la apertura de importaciones y le da prioridad a inversiones estadounidenses en sectores estratégicos.

Más allá del anuncio político y de las promesas de mayor integración al comercio global, el acuerdo comercial firmado entre Argentina y Estados Unidos incluye definiciones concretas que reordenan el esquema de importaciones, reducen aranceles y colocan a los minerales críticos en el centro de la relación bilateral. Se trata de una letra chica que, aunque técnica, puede tener efectos directos sobre la estructura productiva del país.

Uno de los puntos centrales del entendimiento es la eliminación de trabas administrativas al comercio. Argentina se comprometió a dejar sin efecto las licencias de importación no automáticas para productos provenientes de Estados Unidos o, en su defecto, a transformarlas en mecanismos automáticos. En la práctica, esto implica acelerar el ingreso de bienes estadounidenses al mercado local, reducir controles previos y limitar la posibilidad de utilizar esas herramientas como protección para sectores industriales sensibles.

El acuerdo también prevé una revisión profunda de aranceles. Estados Unidos avanzará en la reducción o eliminación de impuestos a una amplia gama de productos argentinos, mientras que Argentina hará lo propio con bienes industriales, tecnológicos y de capital de origen norteamericano. Desde el Gobierno aseguran que esta apertura permitirá bajar costos productivos y mejorar la competitividad, aunque distintos analistas advierten que podría aumentar la presión sobre industrias que ya enfrentan dificultades para competir con economías de mayor escala.

Un capítulo especial está dedicado a los minerales críticos, un área estratégica en el escenario global actual. El texto del acuerdo establece facilidades para la inversión estadounidense en la exploración, extracción, refinación y exportación de recursos como el litio y el cobre, considerados claves para la transición energética y el desarrollo tecnológico. En ese marco, Argentina se compromete a ofrecer previsibilidad normativa y condiciones favorables para esos proyectos, en un contexto de fuerte disputa internacional por el control de estos insumos.

El canciller argentino Pablo Quirno encabezó la firma del acuerdo comercial con EE.UU.

La inclusión de este punto no es menor: Estados Unidos busca asegurar cadenas de suministro confiables frente al avance de China en el sector, y Argentina aparece como un socio prioritario por su potencial geológico. Sin embargo, la discusión sobre cuánto valor agregado quedará en el país y qué rol tendrá el Estado en esa explotación sigue abierta.

El acuerdo también avanza sobre normas técnicas, sanitarias y regulatorias. Argentina aceptará estándares y certificaciones estadounidenses en distintos rubros, lo que simplifica el comercio bilateral pero reduce márgenes de decisión local en materia de controles. Para el oficialismo, se trata de una modernización necesaria; para los críticos, de una cesión de herramientas clave de política económica.

Argentina priorizará a Estados Unidos como socio comercial en el mercado de los minerales críticos.

Aunque el Gobierno presentó el pacto como un paso decisivo hacia una economía más integrada y previsible, el impacto real del acuerdo dependerá de su implementación y del debate que se dará en el Congreso, donde deberá ser aprobado. Mientras tanto, sectores industriales, sindicatos y economistas siguen de cerca una negociación que promete inversiones y exportaciones, pero también redefine el equilibrio entre apertura, producción nacional y soberanía económica.

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