
El ministro de Defensa de Israel aseguró que, tras completar la liberación de rehenes, el país avanzará hacia la desmilitarización de la Franja de Gaza. Desde Tel Aviv advierten que si Hamás no entrega sus armas, será “desmantelado”. La medida complica aún más la frágil tregua y deja en duda la reconstrucción de Gaza.
Israel volvió a poner el foco sobre la Franja de Gaza con una advertencia que sacude incluso a quienes esperaban una salida más estable al conflicto. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, sostuvo públicamente que el gobierno de Benjamín Netanyahu está decidido a desarmar totalmente a Hamás y demilitarizar la Franja de Gaza, y que si la organización no acepta entregar sus armas, será “desmantelada junto con todas sus capacidades”.
La declaración se produjo en un acto oficial donde Katz y otros funcionarios reafirmaron que la prioridad de Israel tras la liberación de los rehenes —una etapa prácticamente cumplida— es eliminar la capacidad armada de Hamás. Según el gobierno israelí, esa desmilitarización es condición innegociable antes de permitir la reconstrucción o cualquier avance político en el enclave palestino.
Esta postura endurecida coincide con la visita de mediadores internacionales, entre ellos el enviado estadounidense para Medio Oriente, Steve Witkoff, que se reunió en Jerusalén con equipos israelíes para avanzar en la llamada segunda fase del alto el fuego, la cual incluye la reconstrucción de Gaza tras años de violencia. Israel ha condicionado esa reconstrucción a que primero se garantice el desarme de Hamás.
El trasfondo es claro: autoridades de Tel Aviv sostienen que no habrá normalización, ni ayuda masiva ni salida política, si Hamás conserva su arsenal y sus estructuras militares intactas. Desde la alianza de gobierno aseguran que eso significa avanzar con opciones militares si no se logra un acuerdo pacífico de entrega de armas por parte de los líderes de Hamás.
La reacción desde Gaza ha sido más cauta y contradictoria. Voceros de Hamás han subrayado en otras ocasiones que abandonar sus armas sin un marco más amplio de acuerdos políticos y seguridad podría generar un vacío de poder y caos en el territorio, algo que rechazan de plano. Aunque no existe un comunicado formal sobre el anuncio más reciente, figuras de la organización han repetido en otras instancias que el desarme es una “línea roja” para ellos.
Además, mientras Israel insiste en este camino, la tregua que rige desde octubre de 2025 se mantiene frágil ante denuncias recíprocas de violaciones al cese al fuego y la falta de avances concretos hacia la desmilitarización. Expertos y diplomáticos advierten que sin progresos en la segunda fase del alto el fuego —que incluye el desarme de Hamás— la escalada podría reactivarse rápidamente.
En el plano humanitario, la negativa de Hamás a entregar sus armas y las advertencias de Israel complican también el ya lento flujo de ayuda y la reconstrucción de Gaza, donde miles de civiles siguen viviendo en condiciones precarias tras años de conflicto. La exigencia israelí de desarme previo a cualquier apertura internacional mantiene en vilo tanto a la población palestina como a actores internacionales que buscan una salida duradera al conflicto.