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Caputo dijo que no compra ropa en Argentina y reavivó una discusión que no se cierra

Con la frase más polémica del año, el ministro de Economía abrió una discusión que mezcla percepciones cotidianas, datos oficiales y estrategias empresarias para explicar por qué muchos argentinos siguen sintiendo que la ropa está cara, aun cuando las estadísticas muestran una caída relativa de precios.

La discusión sobre si la ropa se abarató o todavía está cara en Argentina volvió a explotar en estos días después de que el ministro de Economía, Luis Caputo, dijera públicamente que nunca compró ropa en el país porque le parecía “un robo”. Con esa frase fuerte, el funcionario no solo criticó al sector textil sino que también puso sobre la mesa una discusión más amplia sobre los precios y el poder de compra de los argentinos.

La polémica no es menor: mientras muchos consumidores sienten que aún pagar una prenda en un local o shopping es caro, las cifras oficiales y algunos informes sectoriales muestran que los precios de la ropa crecieron por debajo de la inflación general en los últimos años. Según datos de Indec y de cámaras del rubro, durante 2025 los precios de indumentaria y calzado aumentaron unos 15,3%, muy por debajo de la inflación promedio, que se ubicó en torno al 31,5%. Esa brecha, sostienen los sectores técnicos, implicó un “abaratamiento relativo” de más del 40% en 36 meses, aunque no significó que las prendas hayan bajado de precio en términos absolutos.

Desde la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI) explican que esta tendencia se observa desde finales de 2022 y que responde, en parte, a un mercado más competitivo, con la llegada de marcas extranjeras y estrategias de precios más agresivas que obligan a ajustar valores para no perder ventas. En este contexto, los consumidores habrían aprendido a buscar opciones más económicas, comparar y priorizar ofertas.

Un informe de la Fundación ProTejer sostiene que la ropa no lideró la suba de precios y que dentro de la canasta general del consumo, este rubro quedó entre los que menos aumentaron. La entidad también pone en perspectiva que algunos períodos con fuerte ingreso de productos importados coincidieron con aumentos más altos que la inflación, y que la relación entre apertura comercial y precios no opera de forma automática.

Aun así, desde el sector empresarial admiten que la percepción social es otra. Para muchos argentinos, el precio de una campera, un jean o unas zapatillas sigue siendo elevado en relación con el ingreso disponible. Y las comparaciones internacionales no ayudan: estudios señalan que muchos productos de marcas globales cuestan en Argentina más que en Europa o Estados Unidos, incluso cuando se convierten precios al dólar.

Las empresas consultadas también describen un mercado con márgenes ajustados y consumidores más selectivos. Algunas marcas aseguran que sostener empleo y precios estables fue una prioridad por encima de aumentar la rentabilidad. En algunos casos, explican, importar más prendas podría bajar los precios, pero implicaría reducir personal, una alternativa que descartan.

La discusión se complica aún más porque, detrás del discurso informal de Caputo, hay una política económica más amplia de apertura comercial que busca, entre otras cosas, reducir aranceles y fomentar la competencia para contener precios. Sin embargo, aquellos que viven el día a día comprando ropa siguen sintiendo que los valores están altos, especialmente cuando los comparan con lo que cuesta lo mismo en el exterior.

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