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El fenómeno therian que genera debate en las calles

Más allá de una moda o un disfraz, hay quienes aseguran vivir parte de su vida como perros o felinos, y el fenómeno ya se viraliza en redes y plazas del país.

Desde comienzos de 2026, una nueva expresión identitaria comenzó a llamar la atención en distintos rincones de Argentina y otros países de la región. En plazas, parques y videos de redes sociales, aparecen jóvenes que aseguran que una parte de su identidad está vinculada con un animal no humano: perros, gatos, zorros y otras especies. A estos grupos se los conoce como therians, un término que viene ganando presencia en TikTok, Instagram y YouTube y que generó debate y curiosidad entre personas de distintas generaciones.

La palabra therian proviene de therianthropy, un concepto que describe la vivencia de sentir, desde lo interno, una conexión profunda con un animal real. No se trata de un disfraz pasajero o un cosplay como ocurre con los furries, que forman parte de un fandom artístico, sino de una experiencia subjetiva que algunos describen como psicológica, espiritual o emocional. Para quienes se identifican así, esa parte animal forma parte de su sentido de ser, aunque sigan con sus actividades cotidianas —estudiar, trabajar, llevar una vida “normal”— en paralelo.

En lugares públicos de diferentes provincias, como Buenos Aires, Río Grande, Posadas y otras ciudades, se empezaron a organizar encuentros abiertos para que quienes se sienten therians puedan conocerse, intercambiar experiencias y socializar cara a cara. Las convocatorias, nacidas principalmente en redes sociales, buscan generar espacios de diálogo y visibilidad para una comunidad que muchas veces siente que no tiene representación en los debates sociales habituales. En algunos casos, estos eventos incluyen la posibilidad de asistir con máscaras, collares u otros elementos que cada persona asocia con su identidad animal.

El término therian se popularizó en los años 90 a partir de comunidades de internet vinculadas originalmente al concepto otherkin

La aparición de therians en el espacio público, sin embargo, no pasó desapercibida. Las reacciones son mixtas: hay quienes miran con sorpresa y confusión, otros con humor y algunos con preocupación o crítica. En redes sociales circulan memes, comentarios y debates sobre qué significa este fenómeno y hasta qué punto merece atención seria. Al mismo tiempo, voces que estudian culturas digitales y expresiones jóvenes señalan que este tipo de identidades no siempre encajan en categorías clásicas de identidad o comportamiento, y que mucho de lo que se difunde en redes puede ser una versión superficial o exagerada del fenómeno real.

Más allá de la polémica, quienes forman parte de este movimiento aseguran que no se trata de un “juego” ni de una moda pasajera, sino de una vivencia personal que para ellos es significativa y estable. Sostienen que la identificación con un animal no implica creer literalmente que uno nació siendo otro ser, sino que responde a una forma interna de experimentar el mundo y de expresarse. Para muchos, las juntadas en plazas o encuentros sociales representan una oportunidad para abrir un diálogo más respetuoso sobre identidades variadas en una época donde las formas de sentirse y definirse están en constante transformación.

En plena era digital, donde las identidades se construyen y comparten en tiempo real, fenómenos como el de los therians invitan a repensar cómo entendemos la identidad humana y sus múltiples expresiones, y cómo la sociedad —entre desconcierto y curiosidad— reacciona ante lo que todavía resulta novedoso y poco conocido para muchos.

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