
La venta de carne vacuna en Argentina cayó un 13% en enero de 2026 y el consumo por persona llegó a su nivel más bajo en dos décadas. El fenómeno responde a precios que suben por encima de la inflación, menor producción y una oferta cada vez más ajustada en carnicerías y supermercados.
En enero de 2026 llegó un dato que golpeó directo en la mesa de los argentinos: la venta de carne vacuna se desplomó un 13% respecto al mismo mes del año anterior, según el último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA). Esa caída se traduce en menos kilos de carne comprados por personas y familias en medio de una economía cada vez más ajustada.
Los números muestran que el consumo per cápita – es decir, lo que come cada habitante durante un año – bajó a 47,9 kilos, el nivel más bajo registrado en al menos 20 años. Esto significa que muchos argentinos están comiendo menos carne vacuna que nunca en tiempos recientes, un cambio profundo para un país históricamente ligado a ese alimento.
La caída no solo tiene que ver con lo que llega a las mesas, sino también con lo que se produce. En enero se faenaron menos animales que el año anterior y el volumen de producción total de carne vacuna se redujo alrededor de un 10%. Esa menor producción alimenta otro problema: la oferta interna se achica mientras los precios se mantienen altos.
Y esos precios no son cualquier cosa: los cortes de carne más populares vienen subiendo por encima del ritmo general de la inflación. En el Gran Buenos Aires, por ejemplo, algunos cortes como el asado aumentaron más del 70% en el último año, lo que torna cada vez más difícil que los salarios alcancen para comprar los mismos kilos de carne que antes.
El resultado de esta combinación de factores es que la carne vacuna, un símbolo de la dieta argentina, está perdiendo presencia en gran parte de los hogares. La oferta escasa, los precios elevados y la caída del poder adquisitivo empujan a muchos consumidores a buscar alternativas más económicas o directamente a reducir el consumo.
Mientras tanto, el sector cárnico enfrenta un contexto complejo: la producción se resiente por cuestiones climáticas y estructurales que redujeron el stock ganadero en los últimos años, y el mercado interno se ve aún más presionado por una demanda que no logra sostener los niveles de consumo del pasado reciente.