
En los últimos años, el mercado laboral argentino vive una transformación profunda que ya golpea con fuerza a miles de familias: el trabajo formal con derechos estables sigue perdiendo terreno mientras que el empleo “por cuenta propia” crece sin pausa.
Un informe elaborado con datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC y Politikon Chaco muestra que, hacia el tercer trimestre de 2025, el trabajo autónomo —o cuentapropista— alcanzó casi uno de cada cuatro empleos urbanos en el país, un porcentaje que roza los niveles más altos registrados durante la pandemia de COVID-19. Es decir: cerca del 24,5 % del total de trabajadores en los 32 aglomerados urbanos se sostiene hoy con actividades por cuenta propia, sin las protecciones típicas del empleo formal.
En este contexto, Tucumán se destaca como uno de los principales focos de esta tendencia. Desde 2016, la proporción de personas que trabajan por cuenta propia en la ciudad creció casi 9 puntos porcentuales, ubicando a la provincia en el tercer lugar del país con mayor aumento en este tipo de ocupación secundaria, solo superada por Gran Resistencia y Posadas.
Esta expansión del cuentapropismo evidencia una realidad laboral que muchos tucumanos ya viven día a día: buscar ingresos donde sea posible frente a la falta de empleo formal o a la debilidad de los salarios registrados. En Tucumán, ese fenómeno se combina con un mercado laboral que, si bien mantiene cierta actividad, está cada vez más fragmentado entre asalariados con derechos, trabajadores informales y cuentapropistas sin obra social ni aportes previsionales.
A nivel nacional el cambio también es claro: el empleo asalariado registrado, que llegó a rozar los 10 millones de puestos en 2023, cayó desde entonces y actualmente se mantiene por debajo de su pico histórico, mientras que los cuentapropistas suman más de 3,3 millones de personas, un aumento del 42 % respecto a 2016.
Especialistas señalan que este fenómeno no surge de un día para el otro. Entre 2016 y 2020, el trabajo independiente fue ganando terreno de forma sostenida, y aunque entre 2021 y 2023 hubo un leve repunte del empleo asalariado, en los últimos dos años la balanza se inclinó de nuevo hacia modalidades más flexibles y precarias.
Para muchas familias tucumanas, esto se traduce en ingresos inseguros, falta de cobertura social y la necesidad de buscar distintas fuentes de trabajo para llegar a fin de mes. En un país donde casi la mitad de los ocupados están en formas de empleo sin todos los derechos básicos, esta realidad laboral plantea un desafío urgente para la recuperación económica y la calidad de vida de los trabajadores.