
El sector citrícola de Tucumán inicia 2026 con una decisión estratégica: adelantar la cosecha de limón para responder a un mercado internacional que hoy demanda más fruta de la que hay disponible. Lo que en años anteriores fue un calendario de producción tradicional, este año se movió hacia adelante, con el objetivo de llegar con limón fresco y productos derivados —como jugo, aceite y cáscara— a destinos clave como Europa y Rusia desde los primeros días de marzo, antes de lo habitual.
La determinación de anticipar la zafra se explica por una combinación de factores externos que están alterando el equilibrio tradicional entre oferta y demanda. Por un lado, países que compiten directamente con Argentina en la producción de limón fresco, como España, Turquía y Estados Unidos, han tenido caídas significativas en sus volúmenes productivos, lo que generó un vacío de oferta en el mercado global. Esta menor disponibilidad abrió una “ventana de oportunidad” para los productores argentinos, que ahora pueden colocar su fruta a precios más rentables de lo esperado.
Además de la fruta fresca, la escasez también se siente en los derivados industriales del limón, como el jugo concentrado, el aceite esencial y la cáscara, que se utilizan en alimentos, bebidas, cosmética y farmacéutica. El vacío de stock mundial en estos productos ha incentivado a los exportadores a mover sus fichas para aprovechar el momento.
A nivel local, el sector no es ajeno a la historia reciente. Desde 2019, la producción citrícola en Tucumán y en el país enfrentó años complejos que implicaron una retracción de la superficie plantada. Según estimaciones del Instituto de investigación agrícola local, se perdieron alrededor de 13.000 hectáreas de limón por abandono de fincas o reconversión a otros cultivos. Esa reducción estructural dejó al sector con menor capacidad instalada, lo que, si bien limita su potencial total, también ayuda a sostener los precios en un contexto de oferta ajustada.
Para que esta estrategia de adelantar la cosecha funcione, los exportadores han trabajado en coordinación con el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) para cumplir con los rigurosos protocolos fitosanitarios exigidos por mercados exigentes como Rusia y la Unión Europea. Estos requisitos no son menores: asegurar la calidad sanitaria de la fruta es clave para poder ingresar y mantener posiciones en mercados que históricamente han tenido altos estándares.
La importancia de este movimiento no es únicamente coyuntural. Argentina ya se destacó en los últimos años como uno de los principales exportadores mundiales de limón y productos derivados. En 2025, el país alcanzó cifras récord en exportaciones de cítricos, con más de 400 millones de dólares en ventas externas y un crecimiento notable tanto en volumen como en precio respecto a la temporada anterior. Esto consolidó la posición del limón argentino como un producto competitivo en mercados exigentes.
Sin embargo, los desafíos no desaparecen. Aunque el mercado internacional ofrece hoy mejores precios, el sector todavía arrastra los efectos de años difíciles: muchos productores se retiraron o redujeron su actividad, y la necesidad de invertir en nuevas plantas o renovar las existentes es un tema pendiente si se quiere sostener un crecimiento a largo plazo. Aun así, las señales actuales —una menor oferta global, demanda activa y mejores precios internacionales— generan en los productores un razonable optimismo de cara a una temporada que podría marcar un punto de inflexión para la citricultura tucumana.