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El plan de Axel Kicillof para trascender el peronismo: territorialidad, tensiones internas y estrategia federal

En la escena política argentina de 2026, el gobernador de la provincia de Buenos Aires Axel Kicillof está dando pasos cada vez más definidos en la construcción de un proyecto electoral con vocación nacional que parte de su propia base territorial pero que mira hacia el conjunto del país. Con el foco puesto en consolidarse como una alternativa al presidente Javier Milei en las elecciones de 2027, Kicillof y su entorno buscan articular una propuesta que trascienda las tensiones tradicionales dentro del peronismo y llegue a regiones donde históricamente el kirchnerismo tiene menor aceptación.

El núcleo de esta estrategia política radica en consolidar y expandir el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), el espacio que lanzó el gobernante bonaerense en 2025 como una alternativa dentro del peronismo, y que ahora se propone actuar como un sello más amplio para integrar fuerzas y referentes de distinto origen. En los últimos meses, dirigentes vinculados a Kicillof —como los ministros bonaerenses Carlos Bianco, Gabriel Katopodis y Cristina Álvarez Rodríguez, además de intendentes de peso como Jorge Ferraresi y Fernando Espinoza— han empezado a articular células del movimiento en varias provincias, con la idea de dar volumen político a la iniciativa y generar presencia territorial más allá de Buenos Aires.

Katopodis, Ferraresi y Alak, integrantes del círculo político de mayor confianza que tiene Kicillof en la provincia de Buenos Aires

El desafío central para el kicillofismo es llegar con fuerza a las provincias del centro del país —Entre Ríos, Córdoba, Santa Fe y Mendoza— que, sumadas a la provincia de Buenos Aires, concentran más de la mitad del padrón electoral argentino. En esos distritos, el kirchnerismo tradicional enfrenta una fuerte resistencia y, especialmente, existe un rechazo hacia figuras como Cristina Fernández de Kirchner y su espacio La Cámpora. Por eso, en el entorno de Kicillof subrayan que la apuesta es construir “algo nuevo”, sin renegar de las raíces peronistas, pero abriendo “un diálogo nuevo” con los ciudadanos y con los temas que más les interesan en cada territorio.

Desde La Plata se sostiene que Kicillof tiene un perfil que puede dialogar con distintos sectores sociales y productivos, y que ese estilo de comunicación puede servir para desmontar mitos y barreras que han limitado al peronismo en el interior. Parte de esa movida implica cultivar vínculos institucionales con gobernadores de distintas provincias incluso en cuestiones de gestión, como el diálogo mantenido con el cordobés Martín Llaryora sobre la reforma laboral o con el santafesino Maximiliano Pullaro sobre cuestiones de seguridad en su provincia. Aunque estos contactos no se traducen por ahora en acuerdos políticos explícitos, desde el entorno de Kicillof señalan que pueden ser claves para futuras convergencias de cara a la arena electoral.

No obstante, la construcción de este proyecto enfrenta desafíos internos significativos, sobre todo en la relación con La Cámpora y con el sector más identificado con el kirchnerismo duro. Las tensiones entre Kicillof y referentes como Máximo Kirchner persisten, y la comunicación entre ellos se da hoy, según fuentes cercanas, a través de intermediarios. Esto se refleja en negociaciones pendientes dentro de la Legislatura bonaerense, especialmente en la definición de cargos clave en el Senado provincial como la vicepresidencia primera y otras funciones que forman parte de la línea sucesoria del Ejecutivo. El kicillofismo busca que esos espacios queden bajo su conducción directa para asegurar una estructura partidaria alineada con su proyecto político, lo que ha generado roces constantes con La Cámpora.

En este marco de tensiones internas, la posibilidad de una unidad amplia dentro del peronismo aún no está resuelta. Para muchos dirigentes, la capacidad de articular un bloque que combine distintas fuerzas políticas y referentes sin fracturas será un factor clave para confrontar la fuerza electoral que representa Milei y su espacio en las urnas. El tiempo, con las elecciones cada vez más cerca, se presenta como un recurso escaso: las definiciones sobre alianzas, candidaturas y estrategias deberán ocurrir en los próximos meses si el proyecto nacional de Kicillof aspira a consolidarse como una alternativa competitiva en 2027.

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