
Un reciente estudio científico plantea una advertencia seria sobre el futuro de la capa de hielo antártica: algunas zonas clave del continente blanco podrían haber superado lo que se conoce como el punto de no retorno, es decir, un umbral más allá del cual la pérdida de hielo sería irreversible en escalas de tiempo humanas.
La investigación, publicada en revistas especializadas y cubierta por varios medios en febrero de 2026, sostiene que al menos algunas áreas de la Antártida Occidental —especialmente cuencas como las del mar de Amundsen, donde están los glaciares Thwaites y Pine Island— son particularmente vulnerables a temperaturas más altas y han comenzado un proceso de retroceso del hielo que difícilmente podría revertirse si el calentamiento global continúa.
Este fenómeno se debe a una combinación de factores. Por un lado, la geometría del hielo y la topografía del terreno hacen que muchas de estas formaciones se asienten sobre lecho submarino más profundo, exponiéndose al agua oceánica más cálida. El ingreso de agua templada por debajo de la plataforma de hielo acelera su desestabilización y pérdida progresiva.

El retroceso del hielo antártico representa uno de los principales factores de riesgo para el aumento del nivel del mar, según expertos (REUTERS/NASA/Handout vía Reuters)
Además, modelos climáticos indican que el comportamiento de la capa de hielo antártica no es homogéneo: distintas regiones responden de forma diferente al aumento de temperatura, y varias ya han alcanzado niveles de calentamiento que comprometen su estabilidad a largo plazo.
Paralelamente a estas preocupaciones, científicos también han recuperado un núcleo de sedimentos sin precedentes bajo la capa de hielo, con registros de clima que datan de hasta 23 millones de años. Este hallazgo aporta pistas sobre cómo fue la Antártida en episodios cálidos del pasado y podría ayudar a predecir qué podría ocurrir en las próximas décadas si el planeta sigue calentándose.
Estos sedimentos revelan que grandes zonas del actual continente helado estuvieron alguna vez libres de hielo, lo que demuestra que las condiciones ambientales pueden cambiar profundamente con el clima. Para los investigadores, este registro geológico es clave para entender la sensibilidad del hielo antártico al calentamiento y mejorar las proyecciones de futuro.

La Antártida contiene suficiente masa de hielo como para elevar el nivel del mar global en casi 60 metros, advierte un estudio científico (EFE/EPA/AVANKINTS/BAS)
La posible pérdida irreversible de hielo en partes de la Antártida tiene implicancias globales concretas. La capa de hielo antártica contiene suficiente agua congelada como para elevar el nivel del mar varios metros si se derrite completamente. Aunque esto no ocurriría de forma inmediata —los procesos son lentos en términos humanos—, cada fracción de milímetro de aumento afecta zonas costeras bajas, islas y ciudades portuarias.
Además, estudios complementarios muestran que el derretimiento de este hielo influye en otros aspectos del clima, como la capacidad de los océanos de absorber dióxido de carbono, lo cual podría reducir la eficiencia natural para mitigar el calentamiento global y amplificar la crisis climática.
Más allá de la ciencia, estos datos refuerzan el llamado de la comunidad científica a limitar el calentamiento global y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La meta de evitar que la temperatura media global supere los 2 °C —y todavía más aquella de 1,5 °C— toma un sentido más urgente cuando se evalúan fenómenos como los umbrales de ruptura en la Antártida.
Para un país como Argentina, con largas costas atlánticas, cada cambio en el nivel del mar es un tema que merece atención. Si bien los grandes impactos pueden ocurrir en escenarios de muchos años, las transformaciones ya en marcha son una señal para pensar políticas públicas, adaptación y educación climática que protejan a las comunidades más vulnerables.