
Las fuerzas militares de Estados Unidos comenzaron este lunes 23 de febrero la retirada de su mayor base en el noreste de Siria, marcando un hito en la presencia estadounidense en ese país después de más de 12 años de operaciones. El repliegue se realiza desde la instalación conocida como Qasrak, en la provincia de Hasaka, cerca de la ciudad de Qamishli, una zona que desde 2014 fue clave para las operaciones contra el grupo yihadista Estado Islámico y otras amenazas regionales.
Desde temprano por la mañana, testigos y medios internacionales observaron decenas de camiones y vehículos blindados saliendo de la base rumbo hacia la frontera con Irak, en un movimiento que forma parte de un retiro más amplio de tropas y equipamiento estadounidense en Siria.
Aunque el Comando Central del Ejército de Estados Unidos (Centcom) no emitió declaraciones oficiales sobre la operación, distintos corresponsales internacionales y fuentes en el terreno señalan que la retirada podría completarse en un plazo de 20 a 30 días, dejando a Estados Unidos sin presencia militar significativa en territorio sirio por primera vez en más de una década.

Qasrak, base clave en operaciones contra el Estado Islámico desde 2014, queda fuera del control estadounidense en Hasaka (REUTERS/ARCHIVO)
Qasrak era considerada la base más grande y estratégica para las fuerzas estadounidenses y sus aliados locales, particularmente las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) —un conjunto de milicias kurdas y otras unidades que trabajaron con Estados Unidos en la lucha contra el Estado Islámico. Su salida deja al país norteamericano con sólo una instalación menor en Rmelan (también conocida como Kharab al‑Jir), cerca de la frontera con Irak.
Este repliegue se enmarca en un cambio más amplio en la situación política y militar de Siria. Tras años de conflicto interno que incluyeron la guerra civil, la derrota territorial del Estado Islámico en 2019 y la caída en 2024 del régimen de Bashar al‑Assad —con su posterior huida del país—, un nuevo gobierno transitorio aliado de Washington ha extendido su control sobre amplias zonas antes dominadas por las FDS.
De hecho, acuerdos firmados entre las autoridades centrales sirias y las fuerzas kurdas en enero de 2026 facilitaron la integración de estos últimos en el Ejército Nacional Sirio, abriendo la puerta a una mayor presencia estatal en ciudades como Hasaka y Qamishli y eliminando la necesidad de una “zona de protección internacional”.
La presencia estadounidense en Siria comenzó en septiembre de 2014 bajo la llamada Operación Inherent Resolve, una coalición de más de 80 países destinada a combatir al Estado Islámico cuando esa organización controlaba extensos territorios en Siria e Irak. Aunque el último bastión de ese grupo cayó en marzo de 2019, Estados Unidos mantuvo tropas en el terreno para evitar un resurgimiento extremista y contrarrestar la influencia de Irán y otros actores en la región.
Con el repliegue de esta semana, se espera que no queden fuerzas estadounidenses en bases dentro de Siria al término del proceso, aunque Washington conservá capacidades reducidas de coordinación antiterrorista desde territorio iraquí vecino.