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La planta de Corona en Zarate reduce casi a la mitad sus trabajadores en medio de la caída del consumo.

Argentina vive días complejos en su entramado industrial y laboral, y uno de los casos más recientes que sacude a trabajadores y economías locales es el de la planta de producción de la cerveza Corona en la ciudad de Zárate (Provincia de Buenos Aires). Esta fábrica, que había sido inaugurada en 2020 con una inversión millonaria y 260 empleados, ahora se encamina a una reducción importante de su dotación de personal ante una caída sostenida de las ventas y la presión de los productos importados.

La compañía detrás de la planta, Cervecería Argentina Sociedad Anónima (CASA, ex Isenbeck), que pertenece al grupo Cervecería y Maltería Quilmes, puso en marcha un plan de retiros voluntarios que podría dejar a la fábrica con aproximadamente la mitad de los trabajadores actuales, pasando de unos 140 empleados a cerca de 80.

Según fuentes gremiales, el plan se enmarca en un contexto de caída del consumo interno de cerveza y un fuerte incremento en la importación de productos similares, lo que golpea la rentabilidad de las operaciones locales. Los sindicatos citan que las importaciones del sector cervecero se dispararon y dejaron en desventaja competitiva a la producción nacional.

Horacio Romero, secretario general del sindicato de la planta de Zárate, señaló que esta situación viene de años y no solo afecta a esta empresa, sino que es algo que atraviesa a múltiples industrias manufactureras del país. Para el gremialista, la combinación de un mercado interno deprimido y la apertura indiscriminada de importaciones ha sido uno de los factores que llevó a la empresa a esta decisión.

La planta, símbolo de inversión industrial en la zona y de producción local de una marca de gran consumo como Corona, había comenzado su operación con tres líneas de producción y tres turnos. La actividad se redujo progresivamente con la baja de ventas y, ahora, tras el acuerdo con el sindicato, se mantendrá una sola línea productiva enfocada en envases de vidrio no retornable con una estructura de personal mucho más reducida.

En el sector gremial se escuchan preocupaciones adicionales: además de la pérdida de puestos de trabajo, señalan que este tipo de ajustes afectan la economía local de Zárate, donde la planta funcionaba como fuente importante de empleo. Desde el sindicato también reconocieron que algunos empleados ya se han ido por otros motivos en los últimos meses y que esta nueva etapa de retiros voluntarios busca evitar, al menos por ahora, una paralización total de las operaciones.

Este caso se produce en un momento en que varios sectores industriales en Argentina enfrentan ajustes y tensiones por el contexto económico general. Por ejemplo, el caso de la fábrica de neumáticos Fate, que cerró su planta en San Fernando y dejó a más de 900 empleados sin trabajo, marcó un fuerte impacto en la discusión pública sobre la situación del empleo productivo en el país.

La caída del consumo interno, combinada con factores como la apertura de importaciones y la reconfiguración de políticas económicas, plantea un desafío para industrias que históricamente dieron empleo masivo y fueron piezas importantes en sus respectivas cadenas productivas. En el caso de la cerveza Corona en Zárate, el futuro inmediato de la planta dependerá de la evolución de las ventas y la capacidad de la empresa para sostener un nivel mínimo de actividad con una dotación reducida, mientras miles de trabajadores industriales argentinos siguen viviendo la incertidumbre de estos cambios estructurales.

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