
A menos de cuatro meses del inicio de la Copa del Mundo 2026, programada del 11 de junio al 19 de julio en Estados Unidos, México y Canadá, la tradicional experiencia de los Fan Fests —los espacios públicos donde miles de hinchas se reúnen para ver los partidos, festejar y participar de shows gratuitos— está en riesgo o siendo replanteada en varias ciudades anfitrionas.
En años anteriores, los “Fan Fests” formaron parte esencial de la vivencia futbolera de los mundiales: pantallas gigantes, actividades culturales, espectáculos musicales y encuentros multitudinarios que permitían a los aficionados vivir el torneo aunque no tuvieran entrada para los estadios. Sin embargo, en 2026 varias sedes anunciaron cambios importantes en esos planes.
El caso más resonante es el de la zona metropolitana de Nueva York y Nueva Jersey, donde el gran Fan Fest previsto en Liberty State Park, con vista a la Estatua de la Libertad y el skyline de Manhattan, fue cancelado semanas atrás. Inicialmente planeado como un centro de celebración durante los 39 días del torneo, las autoridades decidieron reemplazarlo por eventos más pequeños y dispersos por toda la región, con el objetivo de apoyar actividades comunitarias locales en lugar de un festival centralizado.
Fuentes locales y dirigentes explicaron que los altos costos de seguridad y logística, junto con la falta de financiamiento suficiente, hicieron insostenible el evento masivo tal como se había concebido. En el caso de Nueva Jersey, el presupuesto destinado originalmente a esa gran zona de hinchas fue redirigido a una estrategia de celebraciones de menor escala.
El problema se extiende más allá de Nueva York/New Jersey. Otras ciudades sede como Miami han advertido que sus Fan Fests también están en riesgo si no se concretan a tiempo los fondos federales destinados a seguridad y logística, lo cual afectaría la planificación de grandes espacios de reunión para aficionados.
Esta situación no es aislada, sino parte de un problema más amplio de financiamiento para eventos masivos en varias ciudades. Un informe reciente señala que alrededor de 625 millones de dólares destinados a seguridad y otros preparativos del Mundial en distintas sedes de Estados Unidos permanecen retenidos por demoras en la aprobación federal, lo que pone presión sobre la organización de los Fan Fests y otros eventos paralelos.
A pesar de estos recortes, no todas las sedes han abandonado sus celebraciones de hinchas. Houston, por ejemplo, confirmó que mantendrá un Fan Fest durante los 34 días de competencia, con espacios públicos gratuitos para ver partidos y actividades culturales alrededor del fútbol.
Además, ciudades como Ciudad de México también están avanzando con sus zonas de aficionados, como está planeado en el Zócalo capitalino, donde se espera que los fanáticos disfruten de encuentros en pantallas gigantes y actividades abiertas al público.
Ante este panorama, la experiencia de los hinchas que no podrán asistir con entrada a los estadios vive una transformación: mientras algunos espacios tradicionales pueden desaparecer o reducirse, otros se reconfiguran con formatos más descentralizados o adaptados a presupuestos más ajustados.
Aunque aún faltan semanas para el inicio del Mundial, el debate en las ciudades sede refleja una tensión entre el espíritu festivo global que caracteriza al torneo y las realidades económicas y organizativas que rodean a eventos de gran escala en contextos locales.