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El descubrimiento que puede cambiar la lucha contra el hantavirus en Sudamérica

Un estudio publicado en 2026 logró describir con precisión cómo el virus Andes ingresa a las células humanas. El hallazgo no solo es un avance científico, sino también una herramienta clave para pensar la prevención y el futuro de las vacunas.

El reciente descubrimiento sobre la forma en que el hantavirus Andes ingresa a las células humanas no es solo una novedad científica más. Es, sobre todo, una invitación a mirar con mayor profundidad un problema de salud que, aunque no ocupa titulares todos los días, sigue teniendo un impacto real en la Argentina y en otros países de Sudamérica.

En marzo de 2026, un equipo de investigadores de Estados Unidos publicó en la revista científica Cell un estudio en el que logró describir con una precisión inédita la estructura de una de las proteínas clave del virus Andes (ANDV). Esa proteína funciona como una especie de “llave” que le permite al virus adherirse a la superficie de las células humanas y fusionarse con ellas para iniciar la infección. El trabajo utilizó técnicas avanzadas de microscopía crioelectrónica, que permiten observar estructuras biológicas a escala casi atómica.

El virus Andes se transmite en Argentina y Chile principalmente a través del ratón colilargo./Archivo SAREM

¿Por qué es importante conocer esa “llave”? Porque en biología, comprender el mecanismo es el primer paso para intervenir. Si los científicos saben exactamente cómo el virus se une a la célula, pueden diseñar anticuerpos o vacunas que bloqueen ese punto crítico. En otras palabras, pueden intentar cerrar la puerta antes de que el virus entre.

El hantavirus Andes es el principal responsable del síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH) en el Cono Sur. Se trata de una enfermedad grave, con una tasa de letalidad que puede rondar el 30%, y que afecta principalmente a personas que han estado en contacto con ambientes contaminados por roedores silvestres. A diferencia de otros hantavirus, el virus Andes ha demostrado, en determinadas circunstancias, capacidad de transmisión entre personas, lo que aumenta su relevancia epidemiológica.

Durante 2026, distintos reportes sanitarios en el país volvieron a recordar que el hantavirus no es una amenaza del pasado. Se registraron casos en varias provincias del sur argentino y se mantuvo la vigilancia epidemiológica activa. Aunque los números no son comparables con otras enfermedades infecciosas más extendidas, la gravedad de los cuadros obliga a no subestimarlo. Cada caso implica internaciones complejas, seguimiento de contactos estrechos y, muchas veces, una fuerte conmoción en comunidades pequeñas.

En este contexto, el avance científico adquiere un valor que va más allá del laboratorio. La investigación básica —esa que a veces parece lejana o abstracta— es la que permite sentar las bases para futuros desarrollos médicos. Sin conocer la estructura del virus y su comportamiento molecular, no es posible diseñar estrategias de prevención más específicas. El estudio publicado este año no significa que exista ya una vacuna lista para usar, pero sí que el camino hacia ella es ahora más claro.

El estudio reveló cómo las glicoproteínas Gn y Gc del virus Andes forman tetrámeros. Permiten la fusión con células humanas. (Universidad de Texas en Austin)

El equipo científico informó además que, a partir de este conocimiento estructural, se realizaron ensayos preliminares en modelos animales que lograron inducir una respuesta de anticuerpos neutralizantes. Esto abre la puerta a futuras etapas de investigación. Sin embargo, todavía no hay tratamientos antivirales específicos aprobados para el hantavirus Andes, por lo que la prevención sigue siendo la herramienta principal.

Desde una perspectiva educativa, este hallazgo también permite reforzar un mensaje clave: las enfermedades zoonóticas, aquellas que se transmiten de animales a humanos, forman parte de nuestra realidad y están vinculadas al ambiente, a las condiciones de vivienda y a la interacción con ecosistemas naturales. El hantavirus no surge de la nada; circula en roedores silvestres y llega a las personas cuando se generan condiciones de riesgo, como la limpieza de galpones cerrados sin ventilación previa o la presencia de excremento de roedores en espacios habitados.

Comprender cómo funciona el virus a nivel microscópico no reemplaza las medidas cotidianas de cuidado, pero las refuerza. Mantener los espacios limpios, evitar la acumulación de basura, sellar posibles entradas de roedores y ventilar adecuadamente los ambientes cerrados siguen siendo acciones fundamentales. También lo es la consulta médica temprana ante síntomas como fiebre alta, dolores musculares intensos y dificultad respiratoria tras una posible exposición.

El descubrimiento sobre el mecanismo de ingreso del virus Andes a las células humanas es, en definitiva, una muestra concreta de cómo la ciencia puede anticiparse a los problemas. No elimina de inmediato el riesgo, pero construye herramientas para enfrentarlo mejor. En un país donde el hantavirus ha dejado episodios dolorosos en distintas provincias, cada avance en su comprensión merece atención.

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