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Milei en Davos: alineamiento sin matices con Estados Unidos y un mensaje al poder económico global

Javier Milei desembarcó en Davos para participar del Foro Económico Mundial con un objetivo claro: ratificar ante los principales líderes políticos y empresarios del mundo el rumbo económico de su gobierno y su alineamiento estratégico con Estados Unidos. Lejos de matices diplomáticos, el Presidente volvió a presentar a la Argentina como un experimento de liberalismo extremo dispuesto a romper consensos históricos en política exterior y económica.

La presencia de Milei en Suiza se da en un contexto internacional marcado por fuertes tensiones geopolíticas. El regreso de Donald Trump al centro de la escena global, la disputa comercial entre Estados Unidos y Europa y el reordenamiento de alianzas configuran un escenario en el que el mandatario argentino busca mostrarse como un socio confiable de Washington, incluso a contramano de varios actores regionales y europeos.

Según la agenda oficial, Milei tiene previsto pronunciar un discurso ante el plenario del Foro en el que insistirá con su diagnóstico sobre la “decadencia del estatismo”, reivindicará el ajuste aplicado en su primer año de gestión y defenderá la apertura económica como única vía para el crecimiento. En paralelo, mantendrá reuniones con ejecutivos de grandes corporaciones y fondos de inversión, en un intento por atraer capitales en medio de una economía todavía golpeada por la recesión y la pérdida del poder adquisitivo.

Uno de los gestos políticos más significativos del viaje es la participación del Presidente en actividades impulsadas por el entorno de Trump, como la firma de una iniciativa internacional alternativa a los organismos multilaterales tradicionales. En Casa Rosada lo presentan como una apuesta por “nuevos liderazgos globales”, aunque puertas adentro del mundo diplomático se lo lee como una señal de distanciamiento de espacios históricos como la ONU y de un mayor corrimiento respecto de Europa.

El alineamiento con Estados Unidos no es solo discursivo. El Gobierno busca capitalizar el respaldo político de Washington para destrabar financiamiento externo y mejorar la posición argentina ante los organismos internacionales de crédito. Milei, por su parte, insiste en que el ajuste fiscal y la desregulación son la prueba de que el país “hizo los deberes” y merece volver a ser parte del circuito financiero global.

Sin embargo, la estrategia no está exenta de críticas. Desde sectores de la oposición y del mundo académico advierten que la subordinación automática a una potencia puede reducir los márgenes de autonomía de la política exterior argentina y dejar al país expuesto a vaivenes internacionales que no controla. También señalan la contradicción entre el discurso de soberanía y la adopción sin filtros de una agenda diseñada fuera de las fronteras.

Davos funciona, una vez más, como vidriera y como escenario político. Para Milei, es la oportunidad de reforzar su identidad ideológica ante las élites globales. Para la Argentina, el interrogante sigue abierto: si este alineamiento traerá inversiones y estabilidad o si profundizará la dependencia en un mundo cada vez más fragmentado.

Milei fue trasladado en helicóptero desde Zurich a Davos

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