
La economía argentina cerró el último tramo de 2025 con señales preocupantes. La actividad industrial continúa estancada y los salarios siguen sin lograr una recuperación real frente a la inflación, lo que impacta de lleno en el consumo y en el bolsillo de los hogares.
La producción industrial acumuló una caída anual y todavía se mantiene muy por debajo de los niveles registrados en años anteriores. Aunque en algunos sectores hubo leves mejoras puntuales, el panorama general sigue siendo débil y sin un repunte sostenido. Rubros como la metalurgia, la construcción y parte de la industria manufacturera continúan con baja actividad y capacidad ociosa.
Los especialistas advierten que estos pequeños repuntes responden, en muchos casos, a comparaciones con meses de fuerte caída y no a una recuperación sólida. La falta de inversión, el consumo interno retraído y la incertidumbre económica siguen condicionando al sector productivo.

En paralelo, los salarios continúan perdiendo frente a la inflación. Aunque los ingresos subieron en términos nominales, esos aumentos no alcanzaron para sostener el poder adquisitivo. Esta situación se repite tanto en el sector privado como en el público y en el empleo informal.
La pérdida de ingresos reales impacta directamente en el consumo. Las familias ajustan gastos, priorizan lo esencial y postergan compras, lo que frena aún más la actividad económica y dificulta una reactivación.
De cara a 2026, el escenario sigue siendo incierto. Sin una mejora clara en los salarios y en la producción, economistas y empresarios advierten que la economía podría continuar en una etapa de estancamiento.