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Argentina recomienda no viajar a Cuba en medio de tensiones y crisis social

El Gobierno de Javier Milei alertó sobre el deterioro de las condiciones de vida en la isla y pidió que los argentinos eviten o pospongan viajes turísticos. La medida profundiza el alineamiento con la administración de Donald Trump.

El Gobierno nacional recomendó a los ciudadanos argentinos no viajar a Cuba ante un agravamiento de la situación social y económica en la isla caribeña, en una medida que también refleja un fuerte alineamiento con la política exterior de Estados Unidos.

La advertencia fue difundida este viernes por el Ministerio de Relaciones Exteriores a través de un comunicado oficial. En el texto, la Cancillería señaló que debido al “deterioro de las condiciones de vida” en Cuba se aconseja a quienes tenían planeado un viaje turístico evitar o posponerlo, y que quienes ya residen allí estén “atentos a la evolución de la situación”.

Desde el gobierno argentino explicaron que las dificultades en Cuba incluyen faltantes de combustible incluso en zonas turísticas, interrupciones prolongadas en el suministro eléctrico, problemas en el acceso al agua corriente y escasez de alimentos y medicamentos.

La recomendación oficial se inscribe en un contexto político más amplio. En estos días también trascendió que Argentina mantiene conversaciones con Estados Unidos para avanzar en un posible acuerdo para recibir deportados desde ese país, una señal más del acercamiento entre el gobierno de Javier Milei y la administración de Donald Trump.

Esta postura del Ejecutivo se da un mes antes de un nuevo viaje que Milei tiene previsto realizar a Estados Unidos, donde se espera que participe de eventos políticos y posiblemente se reúna con dirigentes del gobierno norteamericano.

El llamado a evitar viajes a Cuba refleja una política exterior cada vez más alineada con Estados Unidos y más distante de la región. La relación entre Argentina y la isla atravesó distintos momentos a lo largo de las últimas décadas y siempre estuvo marcada por los cambios de signo político en la Casa Rosada.

Desde el regreso de la democracia, el vínculo osciló entre la cooperación diplomática, el distanciamiento y, en algunos casos, la confrontación abierta en foros internacionales. Durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, Argentina mantuvo una política exterior de diálogo con Cuba y evitó acompañar sanciones o condenas impulsadas por Estados Unidos en organismos multilaterales. En ese período, el país apostó a una integración regional más autónoma, fortaleciendo espacios como la Unasur y la Celac, donde Cuba tuvo un rol activo tras años de aislamiento.

Cristina Kirchner junto al presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel

Esa línea se sostuvo, con matices, durante la presidencia de Alberto Fernández. Argentina defendió una postura crítica frente al bloqueo económico estadounidense y promovió el diálogo diplomático, incluso en los momentos de mayor tensión interna en la isla. La relación bilateral no estuvo exenta de diferencias, pero se apoyó en una mirada común sobre la necesidad de soluciones políticas sin injerencias externas.

El giro comenzó a consolidarse con la llegada de Javier Milei al poder. Desde el inicio de su mandato, el Presidente dejó en claro su alineamiento ideológico con Estados Unidos e Israel, y su rechazo explícito a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua, a los que definió como “regímenes autoritarios”. Esa posición se tradujo rápidamente en cambios concretos en la política exterior argentina.

Argentina pasó a votar en línea con Washington en organismos internacionales y a tomar distancia de instancias regionales que promovían una agenda autónoma. La recomendación oficial de no viajar a Cuba se inscribe en ese nuevo esquema, en el que el Gobierno prioriza el vínculo estratégico con Estados Unidos y adopta una mirada crítica sobre los países que quedan fuera de ese eje.

La advertencia difundida por la Cancillería no solo apunta a la situación económica y social de la isla, sino que también funciona como un mensaje político. Marca una ruptura con la tradición diplomática argentina de mantener canales abiertos con todos los gobiernos de la región y consolida un alineamiento que redefine el rol del país en América Latina.

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