
En 2026, la gigante tecnológica enfrenta una desconfianza creciente de los mercados financieros. A pesar de resultados sólidos, el fuerte gasto en inteligencia artificial y la desaceleración de su unidad de nube han encendido las alarmas entre inversores y analistas, provocando una caída significativa en sus acciones.
La gigante tecnológica Microsoft vivió semanas turbulentas en la bolsa de valores en 2026, marcadas por una fuerte caída de sus acciones y una creciente incertidumbre entre analistas e inversores sobre su estrategia en inteligencia artificial (IA) y el retorno económico de sus inversiones masivas en esta área.
Aunque en sus resultados financieros más recientes la empresa reportó cifras que superaron algunas expectativas —como crecimiento en ingresos y ganancias— los mercados interpretaron que el fuerte gasto en infraestructura para IA, especialmente centrado en herramientas como Copilot y servicios en la nube, está pesando más de lo que aporta en beneficios reales a corto plazo.
Analistas de firmas como Melius Research y Stifel rebajaron la calificación de las acciones, señalando que Microsoft necesita invertir muchísimo para mantenerse competitivo frente a rivales como Google y Amazon, lo que podría mermar su flujo de caja y su rentabilidad.

El desplome de las acciones de Microsoft representa la mayor pérdida monetaria en una sola jornada de la compañía, según Inc.
Además, algunos especialistas señalan que el crecimiento de Azure, la plataforma de nube que debería ser el motor de monetización de los servicios de IA, está desacelerándose y no alcanza las expectativas más optimistas de Wall Street, lo que ha agregado presión sobre el precio de las acciones.
Este clima de escepticismo ocurre en un momento en que el sector tecnológico en su conjunto está sufriendo salidas de inversores, con importantes empresas de software viendo cómo sus títulos caen ante la percepción de que el boom de la IA puede estar entrando en un periodo más desafiante.
La reacción del mercado ha sido intensa: se han registrado caídas de dos dígitos en jornadas clave, erosionando cientos de miles de millones de dólares en valor de mercado en cuestión de días.
No obstante, no todos los expertos coinciden con la visión negativa: hay quienes sostienen que estas turbulencias reflejan más una revaluación por parte de los inversores que un problema estructural de la empresa, y que el potencial a largo plazo de la IA sigue siendo fuerte si Microsoft logra traducir sus inversiones en crecimiento sostenido de ingresos.
En síntesis, la bolsa está enviando un mensaje de cautela: invertir enormes sumas en inteligencia artificial sin una monetización clara y rápida está generando dudas sobre la capacidad de Microsoft para equilibrar innovación y rentabilidad, un dilema que ahora domina los debates entre inversores y analistas en los mercados financieros globales.