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Cuba en caída libre: la economía se desplomó en 2025 y la crisis se profundiza

El colapso productivo, los apagones y el éxodo forzado dibujan un país al borde de un colapso social mientras miles buscan escapar.

La economía de Cuba se contrajo alrededor de un 5 % en 2025, según el informe más reciente del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), un organismo oficial dependiente de la Universidad de La Habana. Esa caída no es un dato aislado: desde 2020 la isla acumula más de 15 % de contracción del Producto Interno Bruto, consolidando un patrón de recesión que ya se extiende por tres años consecutivos.

Los datos, que reflejan una crisis cada vez más profunda, llegan en un contexto donde la vida cotidiana de millones de cubanos se ha vuelto insostenible. Más allá de los números fríos, el país enfrenta apagones que paralizan negocios y servicios básicos, corte de energía que afecta hogares, hospitales y la producción, así como un deterioro constante de la infraestructura eléctrica, considerada por expertos y documentos oficiales como uno de los principales factores detrás del estancamiento productivo.

El documento del CEEC describe al modelo económico actual como “agotado”, incapaz de generar crecimiento real o atraer inversiones fuertes que reviertan la tendencia. La crisis energética actúa como un eje que arrastra a todos los sectores: la generación de electricidad se redujo casi 14 % y múltiples industrias y actividades productivas operan por debajo de su capacidad.

A esto se suma un turismo en crisis, tradicionalmente uno de los puntales de la economía cubana por su aporte en divisas. En 2025 el número de visitantes cayó de manera significativa, con millones menos viajando a la isla, una caída que se vincula a la escasez de combustible, cortes de energía y servicios precarios que desaniman a los turistas.

La crisis también golpea la capacidad de compra de las familias. Aunque el CEEC reconoce una inflación anual oficial de alrededor del 14 %, analistas independientes señalan que la subida de precios para bienes básicos puede ser mucho mayor en la práctica, erosionando salarios y reduciendo el poder adquisitivo de la población.

Otro elemento clave es la caída de ingresos externos. Las remesas, una fuente importante de moneda fuerte para muchos hogares, se redujeron en años recientes, mientras la presión de Estados Unidos sobre el acceso a combustibles mediante sanciones y restricciones ha deteriorado aún más las finanzas del Estado cubano.

En medio de este escenario, millones de cubanos han optado por emigrar, buscando mejores oportunidades fuera de la isla. El informe del CEEC habla de un éxodo masivo de personas en los últimos años, una sangría demográfica que impacta tanto en la fuerza laboral como en el tejido social de la nación.

Frente a la creciente desesperanza, el Gobierno de Miguel Díaz-Canel reconoce públicamente la caída de la economía, aunque las cifras oficiales difieren ligeramente de las estimaciones de centros independientes. Las promesas de crecimiento en 2026 son vistas con escepticismo por economistas y ciudadanos, que sostienen que sin reformas profundas y acceso a recursos energéticos y financieros, la isla continuará su derrumbe económico y social.

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