
Nuevas imágenes satelitales revelan que China amplía y moderniza sus instalaciones nucleares en regiones remotas, en medio del debilitamiento de los acuerdos internacionales sobre armas y la creciente tensión entre las grandes potencias.
Las imagenes analizadas por expertos muestran que el régimen de China está acelerando sin pausa la expansión de su arsenal nuclear, con obras importantes en instalaciones clave ubicadas en regiones remotas del suroeste del país. La evidencia, compartida esta semana por medios internacionales tras el análisis geoespacial, confirma que complejos como los ubicados en los valles de Zitong y Pingtong, en la provincia de Sichuan, han sido ampliados y equipados con nuevas estructuras subterráneas, sistemas de ventilación industrial y espacios destinados a pruebas y producción vinculados directamente a armas atómicas.
Los especialistas que revisan estas imágenes describen un crecimiento estructural significativo respecto a años anteriores. En Pingtong, por ejemplo, la instalación con doble perímetro de seguridad muestra ahora una amplia torre de ventilación de más de 100 metros y otras áreas que, según analistas, podrían estar asociadas a la producción de componentes nucleares como los núcleos de plutonio para las ojivas. En Zitong, se observan nuevos búnkeres y muros de contención que sugieren trabajos con explosivos de alta potencia, esenciales para el perfeccionamiento de detonadores nucleares.
Los cambios obedecen a una estrategia más amplia del liderazgo chino para consolidar su capacidad nuclear. Durante décadas, Pekín mantuvo una política de discreción en torno a sus armas atómicas, pero desde hace al menos siete años esa postura ha cambiado hacia una ampliación sostenida de su infraestructura y producción. El régimen niega repetidamente que sus acciones violen acuerdos internacionales, pero fuentes diplomáticas occidentales aseguran que esta expansión coincide con el debilitamiento de los mecanismos de control global tras la expiración de tratados clave como el New START, que regían la limitación de arsenales entre Estados Unidos y Rusia.

Vista aérea de una instalación industrial china con una planta de producción de plutonio y una chimenea de ventilación de 110 metros (Fuente: Imagen satelital de Airbus)
Desde Washington y otras capitales occidentales generan preocupación las estimaciones de inteligencia sobre el ritmo de crecimiento del arsenal chino. Autoridades estadounidenses han señalado que China podría superar las 1.000 ojivas nucleares para 2030, en una acumulación que consideran “masiva y deliberada” y que no está sujeta a controles internacionales vinculantes. Estas declaraciones se producen en el marco de debates en foros multilaterales como la Conferencia de Desarme de la ONU, donde la falta de transparencia de Pekín ha sido objeto de críticas.
Este proceso de fortalecimiento nuclear ocurre en medio de un contexto global de tensiones crecientes entre grandes potencias y el debilitamiento de acuerdos de control de armas. Analistas advierten que la combinación de expansión nuclear sin controles efectivos y una mayor rivalidad geopolítica puede aumentar los riesgos de conflictos inadvertidos o mal calculados. Para muchos expertos, la capacidad técnica de China para construir y ampliar instalaciones nucleares, junto con su discreto manejo de la información, plantea desafíos inéditos para la estabilidad estratégica global.