
En las últimas semanas, el dólar oficial en Argentina no sólo dejó de subir, sino que empezó a abaratarse en términos reales, alcanzando niveles que no se veían desde mediados del año pasado. Esa caída implica que, cuando se compara la cotización del dólar con los precios internos y con las monedas de otros países, el peso argentino se aprecia tras varios meses de fuerte ajuste cambiario y alta inflación.
El tipo de cambio mayorista, que es la referencia para el mercado, viene mostrando una tendencia descendente durante febrero, acumulando una baja significativa que llevó al dólar por debajo de los $1.400 por primera vez desde noviembre. Este fenómeno impacta directamente en el bolsillo de empresas y ciudadanos, porque modera parcialmente la presión sobre precios y costos ligados a la moneda estadounidense.
Los análisis de economistas y operadores ponen sobre la mesa varias razones detrás de esta tranquilidad cambiaria. Por un lado, el cierre de la cosecha gruesa, con buenos ingresos de divisas por trigo, soja y maíz, ayuda a sostener la oferta. Por otro, instrumentos financieros como las Obligaciones Negociables que se liquidan en el Mercado Libre de Cambios (MLC) y las altas tasas de interés en pesos han generado incentivos a invertir en moneda local, al ofrecer rendimientos atractivos para los ahorristas.

En este contexto, a pesar de que el tipo de cambio real es bajo, hay quienes advierten que esta calma puede ser frágil. Sectores productivos muestran señales de recesión, con caída de la actividad y del empleo, y la economía en general todavía no muestra un proceso claro de recuperación sostenida. Además, voces con trayectoria económica sostienen que para sostener un tipo de cambio competitivo en el tiempo es necesario acumular reservas y evitar shocks cambiarios abruptos, algo que aún no está garantizado.
La combinación de una temporada agrícola con expectativa de ingresos, tasas en pesos fuertes y un dólar real relativamente bajo genera un clima de calma por ahora. Pero para muchos analistas, esa tranquilidad es circunstancial y depende de múltiples factores tanto internos como externos. La pregunta que queda flotando en los mercados es: ¿podrá Argentina mantener este equilibrio sin volver a experimentar fuertes saltos en el tipo de cambio?