
El miércoles 17 de febrero de 2026, en el Estádio da Luz de Lisboa, el partido de ida de los playoffs de la UEFA Champions League entre el SL Benfica y el Real Madrid terminó opacado por una seria denuncia. Tras anotar para su equipo, Vinícius Júnior denunció ante el árbitro que Gianluca Prestianni le había dirigido un insulto racista, cuestión que llevó a la detención momentánea del encuentro y a la activación del protocolo antirracismo de la UEFA.
Según la versión del brasileño, el jugador argentino lo llamó “mono”, un término considerado racista en ese contexto, y por eso solicitó la intervención arbitral. Esa acusación fue asumida inmediatamente por Real Madrid y generó una fuerte repercusión en el mundo futbolístico. El ruido del Estádio da Luz llevó a que la UEFA nombrara un inspector disciplinario para investigar el comportamiento de Prestianni y determinar si infringió las normas contra la discriminación.
Prestianni, por su parte, salió a negar las acusaciones públicamente. En un comunicado en redes sociales, el delantero argentino aseguró que en realidad “Vinícius malinterpretó lo que cree haber escuchado” y que nunca utilizó insultos racistas. El jugador también afirmó haber recibido amenazas tras el hecho y reclamó que se investigue con rigor la situación.
El escándalo no se limitó únicamente al ámbito deportivo. La Autoridad para la Prevención y Combate a la Violencia en el Deporte de Portugal anunció la apertura de un procedimiento administrativo para determinar si existieron actos de racismo en el partido, lo que implica que las consecuencias podrían ir más allá de lo estrictamente disciplinario y llegar incluso al terreno legal si se demostrase culpabilidad.
Mientras tanto, el club portugués y el entorno de Prestianni han intentado bajar la tensión mediática. En un comunicado, el Benfica defendió al atacante argentino y calificó muchas de las reacciones en su contra como una “campaña de difamación”, insistiendo en que confía en la versión del jugador y en que actuará de forma transparente ante la investigación.
La pregunta sobre qué fue exactamente lo que se dijo —y si hubo o no motivación discriminatoria— es ahora materia de análisis oficial. El reglamento de la UEFA prevé sanciones deportivas importantes para quien cometa actos racistas, con la posibilidad de sanciones de al menos 10 partidos o más, aunque la resolución final dependerá de cómo se desarrolle la investigación y de las pruebas que se recaben.
Lo que empezó como un cruce más en una eliminatoria crucial se transformó en un episodio que reaviva el debate sobre el racismo en el fútbol europeo y la eficacia de los mecanismos que existen para combatirlo. En las próximas semanas, la atención continuará sobre lo que decidan las autoridades deportivas y políticas, mientras el mundo del fútbol busca una respuesta clara a una situación que ha generado reacciones y divisiones tanto dentro como fuera de la cancha.