
Tras varias semanas de relativa estabilidad, los precios de los combustibles en Tucumán volvieron a mostrar una tendencia alcista y encendieron la preocupación de conductores, transportistas y comerciantes. Desde el inicio de febrero, las pizarras en las estaciones de servicio reflejan nuevos incrementos tanto en naftas como en gasoil, en línea con lo que ocurre a nivel nacional.
De acuerdo con relevamientos realizados en estaciones de servicio de la provincia, la nafta Súper ronda actualmente los $1.714 por litro, mientras que la nafta premium se ubica cerca de los $1.919. En el caso del gasoil, el Diésel 500 alcanza aproximadamente los $1.866 y el diésel premium supera los $2.000 por litro. El GNC, otra alternativa utilizada por muchos tucumanos para reducir gastos, también registró subas y ya se comercializa por encima de los $850 por metro cúbico.
Durante diciembre y enero los valores se habían mantenido sin grandes variaciones, lo que había generado cierta previsibilidad para quienes dependen del vehículo a diario. Sin embargo, esa calma se interrumpió con nuevos ajustes aplicados por las petroleras, que responden a distintos factores económicos.
Entre las principales razones que explican los aumentos se encuentran la actualización de impuestos a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono, la evolución del tipo de cambio y el precio internacional del petróleo. Estos componentes influyen directamente en la estructura de costos y terminan trasladándose al surtidor. En lo que va del año ya se registraron varios incrementos consecutivos en todo el país, con subas promedio que rondan entre el 2% y el 4% mensual, dependiendo de la región y el tipo de combustible.
El impacto en la economía local no es menor. El aumento de la nafta y el gasoil repercute de forma directa en el presupuesto de las familias, especialmente en un contexto donde los salarios aún intentan recuperar poder adquisitivo. Para quienes utilizan el vehículo como herramienta de trabajo —remiseros, transportistas, repartidores— cada ajuste representa un incremento en los costos operativos.
Además, el encarecimiento del gasoil afecta al transporte de cargas, lo que puede trasladarse a los precios de alimentos, productos de consumo masivo y servicios. En una provincia donde buena parte de la producción y distribución depende del transporte por ruta, el valor del combustible se convierte en una variable clave para la economía.
En el mercado local se observa que las distintas marcas mantienen valores similares, con diferencias mínimas entre estaciones, lo que refleja una tendencia generalizada y no aumentos aislados. Los consumidores, por su parte, siguen de cerca cada actualización de precios y buscan alternativas para reducir gastos, como el uso compartido del vehículo o el mayor control del consumo.
Con este escenario, la incertidumbre se mantiene. Si continúan las actualizaciones impositivas y no se modifican las variables económicas que influyen en la formación del precio, no se descartan nuevos ajustes en las próximas semanas. Mientras tanto, en Tucumán, cargar combustible vuelve a ser un gasto que pesa cada vez más en el bolsillo.