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Garbarino al borde de la quiebra: peligra la continuidad de la histórica cadena de electrodomésticos

La histórica cadena de electrodomésticos Garbarino se encuentra, en marzo de 2026, al borde de la quiebra, con un panorama operativo y financiero que refleja una caída sostenida en los últimos años y la ausencia de propuestas de salvataje concretas.

En la última audiencia judicial celebrada en el Juzgado Nacional en lo Comercial N°7, la empresa admitió que no consiguió interesados en hacerse cargo de la compañía, y que la única sociedad que se había inscripto en el proceso de cramdown —un mecanismo para atraer inversores en casos de crisis empresaria— finalmente no presentó ninguna oferta formal.

Este resultado deja a Garbarino en una situación crítica: actualmente mantiene solo tres locales abiertos —ubicados en Belgrano, la calle Uruguay y un outlet en Almagro—, uno de los cuales funciona de forma intermitente debido a atrasos salariales. La nómina de trabajadores activos se redujo a apenas 18 empleados, un número que contrasta con los más de 5.000 puestos de trabajo que la firma tuvo en su etapa de mayor expansión.

La empresa, que supo ser un actor clave en la venta de electrodomésticos y tecnología en Argentina, registró ventas mínimas en los primeros meses de 2026, con apenas $1,7 millones facturados en enero y sin reposición de mercadería ni operaciones efectivas en su canal de ventas online. El inventario disponible consiste en productos de baja rotación y obsoletos, lo que disminuye aún más el valor comercial de sus activos.

El juez que lleva la causa, Fernando D’Alessandro, habilitó la instancia de cramdown como última oportunidad antes de una posible quiebra, permitiendo que terceros presenten ofertas de rescate. Sin embargo, sin propuestas serias sobre la mesa, el proceso dejó de depender de negociaciones empresariales y pasó a estar exclusivamente en manos de la Justicia para decidir el destino de la empresa.

Especialistas en el caso y acreedores interpretan que, en términos prácticos, Garbarino dejó de funcionar como un negocio activo y que sus posibilidades de evitar la quiebra son cada vez más limitadas. Aunque la marca conserva un valor simbólico e histórico en el mercado argentino, esto no fue suficiente para atraer capitales interesados en sostener o relanzar su operación.

En los últimos años, la empresa ya había transitado un proceso de cierre de locales y reducción de personal, reflejo de una crisis económica más amplia que afecta a múltiples sectores del país. En ese contexto, la caída del consumo interno, los altos costos operativos y la falta de financiamiento se suman a las dificultades estructurales que enfrenta el comercio minorista.

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