
La compañía argentina Bioceres, que durante años fue vista como el emblema de la biotecnología aplicada al agro, vive uno de sus momentos más turbulentos. Lo que supo ser una promesa de innovación con la tecnología HB4 — semillas resistentes a la sequía desarrolladas con base genética propia — hoy está inmerso en una crisis compleja que combina disputas corporativas, problemas financieros y un desplome de sus acciones en el mercado internacional.
En los últimos meses, la empresa enfrentó una profunda batalla entre sus principales accionistas, que ha dividido a sus dirigentes históricos y a los nuevos inversores que llegaron para intentar sostener la empresa. El eje de la disputa lo protagonizan Federico Trucco, fundador y ex director ejecutivo, y Juan Sartori, empresario uruguayo que se convirtió en accionista relevante a través de su participación societaria en el grupo que controla la firma.
Bioceres nació en 2001 como un emprendimiento de productores agropecuarios y científicos argentinos para impulsar investigación y desarrollo biotecnológico local, integrándose verticalmente hasta operar en una veintena de países. La tecnología más difundida fue el trigo HB4, que prometía mayor tolerancia a condiciones de estrés hídrico y colocó a la firma como referente del rubro.
Tras su salida a la bolsa en Estados Unidos en 2019 mediante un esquema SPAC, la empresa enfrentó múltiples desafíos: la demora en aprobaciones de patentes internacionales, la caída de los precios globales de commodities, la sequía que afectó al agro argentino y un contexto económico doméstico complicado. Esto generó presión sobre sus resultados y su estructura financiera.
La crisis se profundizó en 2025 con tensiones internas en la conducción y reconfiguraciones societarias dentro del holding que agrupa a Bioceres y sus empresas vinculadas. Sartori, que había ingresado como inversionista fuerte, terminó liderando el control del grupo a través de la firma Moolec Science, mientras que los accionistas históricos perdieron presencia.
Desde el entorno de Sartori se acusó a Trucco de haber generado un “deterioro económico y financiero” en los resultados al 30 de junio de 2025, señalando que la venta de acciones por parte de ex directivos a precios menores al de mercado contribuyó al desplome del valor bursátil de las acciones (llegaron a perder más del 89% de su cotización respecto a máximos históricos).
Por su parte, Trucco y un grupo de antiguos directores rechazaron estas acusaciones y denunciaron que algunas decisiones societarias recientes fueron un intento de presión para desplazar a quienes conducían la empresa, afirmando que no se trató de una asamblea representativa ni de una decisión colectiva sino de acciones unilaterales por parte del nuevo accionista mayoritario.
El conflicto escaló hasta incluir denuncias penales y pedidos de quiebra, mientras la compañía sigue tratando de reorganizarse. El activo que cotiza en el Nasdaq bajo el ticker BIOX pasó a estar en la categoría de “penny stock”, con un precio por debajo de los 1 dólar por acción, lo cual expone a la posibilidad de ser retirado del mercado estadounidense si mantiene esos niveles por varias sesiones de cotización.
Además del choque entre accionistas, la empresa enfrenta obligaciones financieras complejas y procesos de reestructuración, y áreas del negocio argentino (como Bioceres SA) entraron en default y concurso de acreedores por deudas millonarias acumuladas.
Este escenario ha generado incertidumbre en analistas, inversores y productores que siguen de cerca a la compañía que durante años fue un símbolo de la capacidad innovadora argentina en biotecnología agrícola. La pregunta sobre el futuro inmediato de la firma — su capacidad de sostener tecnologías, recuperar valor bursátil y resolver su estructura societaria — sigue sin una respuesta clara, mientras la disputa entre bandos continúa y la empresa se juega su viabilidad.